¿Necesitamos medicación para (RE)ANIMARNOS?  

Sobre el consumo de psicofármacos y la importancia de la salud mental  

  

  

El título de este artículo está basado en una conversación que mantuve la semana pasada con una persona muy allegada. En ella, venía a decir algo así como que se había quedado sin su medicación habitual y en su farmacia de siempre no tenían. Pues bien, contaba que había recorrido varias farmacias en busca de su medicación porque las necesitaba para (re)animarse y poder vivir.  

Esto me impresionó mucho y me hizo pensar si era cierto; si, realmente, necesitamos la medicación para seguir adelante con nuestras vidas o si contamos con otros recursos para hacer frente a las dificultades y problemas diarios.  

Más específicamente, y en tanto que profesional de la psicología, me preguntaba qué rol debería tener ésta en esta cuestión y en qué podía ayudar. En concreto, me vino a la mente cuando, siendo estudiante, acudí a una manifestación para reivindicar la psicología como profesión sanitaria cuyo lema era “Sin pastillas hacemos maravillas”. Hoy en día, con años de experiencia, puedo decir que sí, que creo que realmente hacemos maravillas (que no milagros).   

  

¿Qué son los psicofármacos?  

  

Los psicofármacos -también llamados psicotrópicos- son medicamentos que actúan sobre el SNC modificando la conducta, aliviando la sintomatología de los trastornos mentales y favorecen el reajuste psicológico.  

  

  

  

  

Los psicofármacos suelen clasificarse en cuatro grandes grupos:  

  1. Antidepresivos. Como su propio nombre indica, se utilizan principalmente para el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo.  
  1. Antipsicóticos. Se usan en el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos que cursan con delirios, alucinaciones e implican pérdida de contacto con la realidad.  
  1. Ansiolíticos. Haciendo honor a su nombre, son fármacos que se prescriben para eliminar o disminuir los síntomas de ansiedad.  
  1. Eutimizantes. Su uso, principalmente, está destinado al trastorno bipolar.   

  

El consumo de psicofármacos ha aumentado en los últimos años de manera significativa y sostenida.  

España, junto a Portugal, se sitúa a la cabeza de Europa en lo referente al consumo de ansiolíticos y antidepresivos. El incremento en el consumo no para de crecer desde 1992. Concretamente, y según datos aportados por el Ministerio de Sanidad, la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos ha aumentado un 6 y un 10% respectivamente desde noviembre de 2020.  

  

  

  

Especialmente destacado es el incremento en el consumo de benzodiazepinas, situándonos como líderes a nivel mundial. En este sentido, la AEMPS (Agencia Española del Medicamento) en un reciente estudio concluye que este tipo de psicofármaco ha aumentado desde 2019 de 86,93 a 93,04 dosis diarias por cada mil habitantes.   

  

¿Necesitamos toda esta medicación?  

No siempre es fácil diferenciar una emoción “normal” de depresión o ansiedad de un trastorno más grave que requiera un tratamiento farmacológico. ¿Cuándo necesitamos medicación y cuándo no?  

Pues bien, es importante empezar diciendo que los psicofármacos son útiles e incluso imprescindibles en el tratamiento de algunos trastornos mentales.   

No debe pensarse en ellos, por tanto, como el “enemigo” o algo a evitar a toda costa porque han ayudado y ayudan a muchas personas a llevar una vida más funcional y plena. Y desde luego, nunca debe tomarse la decisión unilateral de suspender bruscamente un tratamiento que se nos ha sido prescrito.  

No obstante, también hay que tener en cuenta que no deben entenderse como el recurso universal, único e indefinido para abordar nuestras dificultades. Tampoco es la medicación, en general, la solución a un problema sino más bien una ayuda para manejar los síntomas.  

Por todo ello, el uso de medicación debe ser prescrito siempre por un profesional de salud mental especializado- psiquiatra- después de una evaluación individualizada completa, y entendido como una ayuda en el manejo de la problemática de que se trate, pero enmarcado dentro de un tratamiento más amplio y con supervisiones periódicas.  

Esto es:  

  • No todas las situaciones requieren medicación.  
  • Si lo requieren deben ser prescritos por un profesional (no automedicarse).  
  • Debe afinarse todo lo posible el tratamiento (tipo de medicación, cantidad, pauta, duración, etc.).  
  • Debe supervisarse el tratamiento por un profesional de manera periódica.  
  • Su uso debe integrarse de un plan de tratamiento más amplio.  

  

¿Y cuál es el rol de la terapia en todo esto?  

Es en este último punto -el de la visión más amplia y profunda del tratamiento- donde la psicología y la terapia en particular pueden ayudar.  

Y es que hay muchas situaciones -quizá la mayoría- en las que la terapia es el único recurso necesario y no se precisa recurrir a medicación. Es importante ser consciente de esto y explorar esas opciones alternativas a los psicofármacos.  

Pero, incluso, cuando la medicación es conveniente, el rol de la terapia es fundamental para abordar el problema de una manera más completa e integral y avanzar en la mejora de los síntomas, las causas subyacentes y el manejo de unos y otras.  

Y es que parece que tal y como rezaba el lema de aquella manifestación de mi juventud, con pastillas o sin pastillas según convenga, la terapia puede hacer maravillas.  

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